Psicologia de la infància

desembre 19, 2008

3. El crecimiento 3.1. Cambios corporales

Filed under: desenvolupament fisic — chas10 @ 5:12 pm

 

3. El crecimiento

3.1. Los cambios corporales

El desarrollo físico resulta de la interacción entre el niño y el entorno. Durante este proceso los niños crecen (se hacen más grandes), se desarrollan (las estructuras de sus cuerpos y sus funciones se hacen cada vez más complejas) y maduran (su tamaño, estructura orgánica y corporal progresan hacia el estado fisiológico de adulto).

Podemos decir que, los recién nacidos primero se vuelven más pequeños pero luego crecen rápidamente. En los primeros días de vida, la mayoría pierde entre el 5 y 10 por ciento del peso corporal que tienen al nacer porque tienen más pérdidas corporales que los líquidos que ingieren. Pero luego van recuperando está perdida y empiezan a aumentar, la verdad, que a partir de aquí, crecen bastante rápido hasta los dos años, duplicando su peso inicial alrededor del cuarto mes y triplicándolo al final del primer año de vida. La mayor parte del peso ganado en los primeros meses de vida consiste en grasa, que proporciona aislamiento para mantener el calor y almacenar los nutrientes. Este almacenamiento de nutrientes es fundamental para mantener el crecimiento del cerebro si las mucosidades interfieren de manera temporal con la alimentación, lo que a menudo sucede durante un día o dos. Si la nutrición no es bastante adecuada, el cuerpo detiene su crecimiento pero no el cerebro, un fenómeno denominado preservación del cerebro.

Los bebés aumentan en longitud y también ganan peso. En cada uno de los seis primeros meses aumentan más de 2.5cm, es decir, que crecen unos 15cm en medio año. Luego el ritmo va disminuyendo lentamente, pero no mucho. En su primer cumpleaños, los bebés típicos miden 75cm de altura y pesan unos 10kg.

El crecimiento físico es menor en el segundo año, pero todavía es rápido. A los 24 meses la mayoría de los niños pesan aproximadamente 13kg y miden entre 81 y 91cm, siendo los niños un poco más altos y pesados que las niñas. Esto significa que un niño de 2 años ya es asombrosamente alto, ya que mide la mitad de la estatura que va a tener cuando sea adulto. También tiene alrededor del 15 al 20 por ciento del peso que va a tener en la adultez. Y se puede decir que desde los dos años de edad hasta la pubertad el crecimiento de un niño es lento y constante; promedia de 5 a 7.5cm de estatura y de 2.7 a 3.2kg de peso cada año. A los seis años de edad, el niño promedio de un país desarrollado pesa unos 21kg y mide unos 117cm. Esto son promedios, los niños en realidad varían entre sí, sobre todo en el peso.

El crecimiento de los bebés y de los niños continúa con los patrones cefalocaudales y proximodistales que empezaron en el período embrionario. A medida que un niño crece, la forma del cuerpo cambia con rapidez. El desarrollo procede en una dirección cefalocaudal (de la cabeza hacia abajo) y es el tronco el que crece más rápido durante el primer año. Al año de edad, la cabeza de un niño sólo representa el 20 por ciento de la longitud de su cuerpo, a diferencia del neonato, que representa el 70 por ciento de su tamaño adulto final y representa una cuarta parte de la longitud total del cuerpo, la misma fracción que las piernas. Desde su primer cumpleaños hasta el crecimiento acelerado de adolescente, las piernas crecen con rapidez, representando más del 60 por ciento del incremento de la estatura. Cuando alcanzamos nuestra estatura adulta final, nuestras piernas representan el 50 por ciento de la estatura total, mientras que la cabeza sólo representa el 12 por ciento.

Mientras los niños crecen hacia arriba, también lo hacen hacia los lados de acuerdo con una fórmula proximodistal (del centro hacia los costados). Durante el desarrollo prenatal, por ejemplo, en primer lugar se forman el pecho y los órganos internos, seguidos por los brazos y las piernas, y luego las manos y los pies. A lo largo de la infancia y la niñez, los brazos y las piernas continúan creciendo más rápido que las manos y los pies. Sin embargo, este patrón de crecimiento del centro hacia los lados se invierte antes de la pubertad.

Desarrollo esquelético

Las estructuras esqueléticas que se forman durante el período prenatal al principio son de cartílago suave que se osifica (endurece) de modo gradual para formar material óseo. Al nacer, la mayor parte de los huesos del bebé son suaves, flexibles y difíciles de romper. Una de las razones por las cuales los neonatos no pueden sentarse o equilibrarse solos cuando son colocados en una posición erguida es que sus huesos son demasiado pequeños y flexibles.

Por suerte para la madre y su bebé, el cráneo neonato está formado por varios huesos suaves que pueden comprimirse para permitir que el niño pase por el cuello uterino y el canal de parto. Los huesos del cráneo están separados por seis puntos suaves, que gradualmente se llenan con minerales para formar, a los dos años, un solo cráneo con uniones flexibles en los puntos donde se juntan los huesos. Estas uniones, permiten al cráneo expandirse a medida que crece el cerebro.

Otras partes del cuerpo, como los tobillos, los pies, las muñecas y las manos, desarrollan más huesos a medida que madura el niño. Un método para estimar el nivel de maduración física de un niño es obtener una radiografía de muñeca y mano, que muestra tanto el número de huesos como el grado de osificación. Es una medida de maduración física basada en el nivel de desarrollo esquelético del niño, recibe el nombre de edad esquelética (esta medición se realiza sólo cuando se sospecha que existe algún problema médico).

No todas las partes del esqueleto crecen y se endurecen al mismo ritmo. El cráneo y las manos maduran primero, mientras que los huesos de la pierna continúan desarrollándose hasta mediados o fines de la segunda década de vida. El desarrollo esquelético se completa a los 18 años, aunque el ancho del cráneo, los huesos de las piernas y las manos aumenta ligeramente durante toda la vida.

Desarrollo muscular

En el desarrollo muscular, los neonatos nacen con todas las fibras musculares que tendrán durante el resto de su vida. Al nacer, el tejido muscular está compuesto por el 35 por ciento de agua, y no representa más del 18 al 24 por ciento del peso corporal de un bebé. Sin embargo, las fibras musculares pronto comienzan a crecer en la medida en que el líquido celular del tejido muscular se refuerza al absorber proteínas y sales.

El desarrollo muscular procede en direcciones cefalocaudal y proximodistal, de modo que los músculos de cabeza y cuello maduran antes que los del tronco y las extremidades. Como muchos otros aspectos del desarrollo físico, la maduración del tejido muscular es muy gradual durante la niñez y se acelera al inicio de la adolescencia. Una consecuencia del acelerado crecimiento muscular es que en ambos sexos los miembros adquieren notable fortaleza, aunque los incrementos de masa muscular y fuerza física son más evidentes en los niños que en las niñas.

Normas o patrones típicos

El desarrollo físico durante la infancia y la niñez parece tan ordenado y legítimo como el desarrollo del óvulo fecundado hasta convertirse en el bebé. Está progresión regular es el resultado de la direccionalidad del crecimiento. La direccionalidad es el proceso en el que se canaliza en crecimiento a lo largo de un camino previsible cuando los genes se expresan dentro de un entorno humano normal. Este crecimiento típico de la especie es extraordinariamente difícil de desviar del curso de su influencia genética. A pesar de su previsibilidad, el desarrollo físico es resultado de interacciones dinámicas y causalidad recíproca entre genes y la experiencia.

Puesto que el desarrollo sigue una direccionalidad, los niños aprenden varias habilidades de un modo similar y previsible. Los estudios crearon normas o patrones típicos que describen las edades aproximadas en las que aparecen atributos y habilidades importantes. Las normas se basan en cálculos matemáticos simples que reflejan la media de las tendencias de crecimiento. No explican el crecimiento ni el desarrollo, solamente la describen, indicando lo que es más fácil que aparezca en el desarrollo de los niños dentro de una sociedad en particular y en un momento determinado de la historia.

Bueno, las normas pueden ser útiles al describir cómo se desarrollan los niños. Pueden ayudarnos a valorar los efectos de los cambios ambientales sobre la conducta y pueden ser de utilidad para estudiar las variaciones culturales o subculturales (pequeña explican más abajo). También han supuesto una ayuda en los estudios sobre los prematuros y en los de desarrollo atípico. El bebé cuyo tamaño o desarrollo motor está muy retrasado según los normas pone en alerta al pediatra, que habrá de buscar más síntomas que puedan indicar alguna complicación. Las normas también se han utilizado para examinar los efectos de la institucionalización en el crecimiento de los bebés y los niños, de la diferencia de sexos en el crecimiento y la importancia del orden de nacimiento en el desarrollo de un niño.

En muchos aspectos del crecimiento las normas difieren entre las niñas y los niños. Los niños y niñas crecen a un ritmo distinto, y esa diferencia comienza antes del nacimiento. Cuando los fetos ya están a mitad de camino en el período prenatal, el esqueleto de las niñas lleva tres semanas de adelanto en el desarrollo con respecto al de los niños, y cuando nacen, las niñas han aventajado a los niños en la madurez del esqueleto en cuatro o seis semanas, aunque no en tamaño. Algunos sistemas de órganos están más desarrollados en las niñas en el momento de nacer, y esto puede explicar el porqué sobreviven más hembras que varones.

En los primeros meses los niños crecen más rápido que las niñas, pero desde los 7 meses hasta los cuatro años, las niñas sobrepasan a los niños. A partir de esta edad los dos sexos crecen igual hasta la pubertad, etapa cuando las chicas vuelven a desarrollarse más rápido que los chicos.

El valor de las normas como método de diagnóstico individual es limitado. En todos los aspectos del desarrollo, los niños normales varían ampliamente hacia cada uno de los lados de una norma. Los recién nacidos difieren en variables físicas, como la estatura, peso, musculación, vellosidad, desarrollo dental y una gran cantidad de características que pueden medirse. A medida que los niños crecen, las diferencias físicas individuales persisten, algunas pueden hacerse más pronunciadas, como el peso y la talla, mientras que otras no se notan tanto, como la vellosidad.

Hormona del crecimiento (GH)

Algunas hormonas juegan un papel importante en la regulación del crecimiento, pero la hormona del crecimiento (GH)  en sí misma es una de las más importantes, porque parece tener un efecto general en promover el crecimiento en todo el cuerpo. Fomenta la división celular y estimula el crecimiento de los huesos largos. La hormona del crecimiento se segrega principalmente durante la noche, pero el estrés físico o emocional puede levar a su producción durante el día. La GH también estimula la producción de somatomedina, un segundo factor del crecimiento, que promueve la división celular en los músculos y las células de los cartílagos al final de los huesos.

Aunque los patrones individuales de crecimiento son generalmente estables, las severas deficiencias alimenticias, las enfermedades o el estrés pueden interrumpirlos o retrasar el crecimiento, quizás interfiriendo con la GH y los niveles de somatomedina y el equilibrio.

Posibles variaciones culturales

Entre los muchos factores que influyen en el crecimiento, figuran el orden de nacimiento, el sexo y el lugar geográfico, es más, los primogénitos, los varones y aquellos que viven en ciudades al nivel del mar tienden a ser más altos que sus opuestos. Los tres factores principales, que individualmente suman varios centímetros de altura al fin de la infancia, son los genes, la salud y la nutrición. El último factor, la nutrición, es responsable en alto grado de las notables diferencias entre los niños de los países desarrollados y los de los países subdesarrollados. En los Países Bajos, los niños promedio de 4 años son más altos que los de 6 años en la India, Nepal o Bangladesh. Cuando se comparan niños que bien en África o América del Sur con niños descendientes de africanos que viven en Europa o en América del Norte se ven similares discrepancias con respecto a la estatura.

 

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